La denostada siesta española (tomada con mesura, eso sí) puede no ser tan mala. Al menos eso es lo que piensan las autoridades aéreas de Estados Unidos, que han recomendado la popular “cabezadita” en el trabajo como arma para mejorar el rendimiento de los cuestionados controladores aéreos y, de paso, prevenir sustos.
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) ha propuesto formalmente que los controladores de Estados Unidos se echen todos los días una “siesta controlada”, después de que en las últimas semanas varios miembros de este colectivo se hayan quedado dormidos en pleno servicio. Tres de ellos fueron despedidos.
Espantados por el riesgo que semejante desliz puede acarrear, los expertos de este organismo han recurrido a un estudio elaborado por la NASA para sus astronautas, según el cual la siesta ideal para reparar fuerzas, mejorar la atención e incrementar el rendimiento es, exactamente, de 26 minutos.
Lo mejor, la siesta después de comerLa Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) ha propuesto formalmente que los controladores de Estados Unidos se echen todos los días una “siesta controlada”, después de que en las últimas semanas varios miembros de este colectivo se hayan quedado dormidos en pleno servicio. Tres de ellos fueron despedidos.
Espantados por el riesgo que semejante desliz puede acarrear, los expertos de este organismo han recurrido a un estudio elaborado por la NASA para sus astronautas, según el cual la siesta ideal para reparar fuerzas, mejorar la atención e incrementar el rendimiento es, exactamente, de 26 minutos.
También es importante, como es obvio, el momento del día elegido. Demasiado pronto, el cuerpo no está aún preparado. Demasiado tarde, puede afectar al descanso nocturno. Lo mejor, según Andrews, es después del almuerzo, entre la una y las tres de la tarde en el caso de EEUU, cuando baja el nivel de energía del cuerpo.
Los efectos beneficiosos de la siesta ya han sido abordados en estudios anteriores, como uno de la Universidad de California, que concluyó que los estudiantes que se echan una cabezadita aumentan un 20% su rendimiento académico.
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